Editorial: ¿Por qué solo de noche?

Editorial: ¿Por qué solo de noche?

Por Carlitos Coquí

Nota del editor: Las opiniones expresadas a continuación no necesariamente son las de este periódico, sino solo de este humilde servidor.

Todos los coquíes saben que los lagartijos y las ranas son los principales competidores por el alimento en este bosque. Hay una cantidad similar de lagartijos como de coquíes y eso representa una gran cantidad. Afortunadamente, los lagartijos y las ranas no compiten por alimento ya que los lagartijos (y las aves) comen durante el día, y las ranas comen de noche. Cada uno de nosotros tiene su propio nicho pequeño: nuestro propio rol funcional en el ecosistema.

He aquí el problema: algunos de los coquíes son cantores. Producimos nuestro propio canto, “co-QUÍ, co-QUÍ”, para atraer novias y mantener a los rivales alejados de nuestro territorio. Al cantar, no podemos comer hasta bien tarde en la noche, cuando ya las grandes bandadas de insectos han sido consumidas por nuestros vecinos coquíes, quienes supuestamente son "amigables". Yo digo, ¡basta ya!

Echemos un vistazo a la situación: al ponerse el sol, miles de coquíes salimos de nuestros escondites diurnos, que consisten de tallos con hojas, huecos en el suelo, hojarasca y demás, y la mayoría de nosotros permanecemos en las hojas, troncos o ramas hasta el amanecer. Allí nos mantenemos pacientemente, bastante quietos toda la noche, en espera para poder agarrar alguna presa distraída que pase por nuestro lado. Los coquíes juveniles se quedan en las plantas y los arbustos bajos. Esto tiene sentido. Las hembras que no están en su etapa de reproducción y algunos machos suben al dosel del bosque, es decir, a la parte de arriba de los árboles. Allí el alimento frecuentemente es más abundante y las porciones son más grandes. Durante la época de lluvia, los coquíes tienden a comen más, por supuesto, porque la comida mojada siempre sabe mejor.

He aquí mi mayor queja: las hembras y los machos que no cantan se alimentan temprano en la noche, lo que les permite relajarse y disfrutar de la oscuridad aterciopelada de la noche. Mientras tanto, los machos que cantan para atraer a la hembra tienen que cantar por horas y no pueden comer hasta temprano en la mañana. Por esta razón, los machos cantores comen menos.

Pues bien, yo soy un macho cantor y ¡SIEMPRE TENGO HAMBRE! Anoche mismo, ¡solo encontré una miserable y escuálida hormiga! Mi estómago nunca está lleno y estoy cansado de dejar que los lagartijos se coman todo el alimento diurno bueno y permitir que nuestras hembras, y esos machos demasiado vagos para cantar, se coman los mejores manjares nocturnos. ¡Exijo un cambio! O bien a los que cantamos se nos deberá permitir comenzar a competir de día con los lagartijos, o los coquíes hembras y los machos que no cantan nos deben dejar ser los primeros en cazar, por las noches.

¡Coquíes cantores, unámonos! Si estás de acuerdo conmigo, déjame saberlo. Contáctame:
Carlitos Coquí
Nido #37
Árbol de tabonuco con cintas rojas y amarillas
Cuenca hidrográfica de Bisley