Acerca de cómo el hongo ayudó a salvar al bosque

Acerca de cómo el hongo ayudó a salvar al bosque

Había una vez un árbol de tabonuco muy alto, una cotorra verde esmeralda y un pequeño y pálido hongo velo de novia quienes conversaban entre sí. El árbol era un majestuoso miembro de la comunidad forestal, la cotorra era muy elegante y el hongo era, por decirlo así, muy humilde. En realidad, la conversación se mantenía más que nada entre el árbol y la cotorra, ya que no se le prestaba mucha atención al hongo, quien tenía que gritar para ser escuchado.

El árbol y la cotorra hablaban de unas señales extrañas y preocupantes del bosque, que usualmente les avisaban del acercamiento de una tormenta o de un huracán.

"Si los vientos son lo suficientemente fuertes, podría perder todas mis hojas y muchas de mis ramas", dijo preocupado el árbol.

"Si llueve demasiado podría ahogarme", lamentó la cotorra.

"No se preocupen", chilló el hongo. “Si viene un huracán yo ayudaré a salvar el bosque".

El árbol y la cotorra miraron al hongo, incrédulos, a manera de lo que pudiese interpretarse en el siglo 21 como un “sí, claro”, “sigue soñando”, “vete a freír espárragos” o algo así por el  estilo.

El huracán azotó fuertemente al bosque. El árbol perdió todas sus hojas y muchas de sus ramas. La cotorra no se ahogó pero tuvo que salir del bosque para encontrar alimento. El hongo velo de novia perdió su cuerpo fructífero (su tallo y sombrero) pero su micelio, una alfombra hecha de filamentos enredados llamados hifas, permaneció intacto dentro de la madera en descomposición que le servía de hogar antes de que pasara el huracán.

Tras pasar el huracán, el hongo velo de novia miró a su alrededor. Toneladas de madera había caído recientemente. El hongo comenzó su trabajo de producir sombrero, esporas y metros y metros de hifas parecidas a raíces, que formaban el micelio. Las hifas y las esporas se esparcieron y establecieron debajo de la madera recién caída y produjeron más hifas, hongos y esporas, que a su vez colonizaron más madera. 

Los hongos velo de novia son descomponedores y obtienen sus nutrientes de la materia muerta, como la madera que cayó durante el huracán. Para hacer esto secretan químicos en la madera para descomponerla en moléculas sencillas. Una vez la descompone, el hongo absorbe la madera, lo cual es diferente a lo que hacen los animales, que primero se comen su comida y luego la digieren.

Para descomponer la madera, los hongos velo de novia necesitaron utilizar nitrógeno que encontraron en el suelo y con determinación inquebrantable movieron el nitrógeno, junto a otros nutrientes, de un pedazo de madera a otro. Trabajaron arduamente para descomponer toda la madera caída sobre el suelo del bosque y como resultado, el nitrógeno en el suelo escaseó.   

El árbol alto de tabonuco comenzó a sufrir la falta de importantes minerales, como del nitrógeno en el suelo. Miró hacia abajo y se quejó a docenas de hongos alrededor de su tronco: "Humildes hongos velo de novia, ustedes dijeron que ayudarían a salvar el bosque si azotara un huracán. Sin embargo, están acaparando muchos de los nutrientes del suelo, para su propio uso. Se están quedando con ellos”. 

“Sé paciente, árbol", trinó el hongo velo de novia. “Sé paciente”. Y ciertamente, tras descomponerse la madera, retornaron importantes minerales y materiales al suelo, lo cual es un importante paso en el reciclamiento de los recursos forestales. Los hongos velo de novia enriquecieron el suelo y un suelo más productivo enriqueció a los árboles y demás plantas que crecían en el mismo. El balance natural del bosque retornó a los niveles normales que existían antes de la tormenta. La comunidad forestal perduró y llegó a prosperar.

Y así fue cómo, a largo plazo, el hongo ayudó a salvar al bosque.